A Quetzal, una memoria
Te voy a contar de la primera vez que bailé en el Palacio de Bellas Artes, para mí ha sido el teatro más bello y más impresionante que he conocido jamás, estar ahí es como entrar a la boca de un gran monstruo, es oscuro, viejo y elegante. Tenía miedo de perderme, pero aún así me quedé en un camerino de los de arriba, de los individuales, esos son más pequeños, pero también más cómodos, están alfombrados y son de madera, también tienen ya adentro puertas abatibles para un segundo espacio todavía más privado. Ya instalada busqué un balcón y me salí por una puertecita, mirando el centro de la ciudad desde allá arriba, me sentí tan elegante y cosmopolita. Como no sabía si iba a volver a bailar ahí algún día quise vivir todas las experiencias de una vez y fui con las maquillistas y peinadoras a que me arreglaran, parecía más bailarina de folklore que de contemporáneo, pero no me importó, lo disfruté tanto que todavía me acuerdo del olor a gel y de las firmes manos de las mujeres que ...